martes, 10 de marzo de 2009

El curro

Hoy ha sido una de las pocas tardes anticiclónicas en Bilbao, teníamos a las 16 horas unos 18ºC. Acababa de comer, y sentarme frente al ordenador, mi mayor enemigo de este día: por fin, he terminado el proyecto de tesis que voy a presentar.

Estaba en pleno trance digestivo, mi sangre oxigenada abandonaba mi cerebro para socorrer a mi estómago cuando un hecho inusual me ha despertado: un tío disfrazado con una bata de tela desechable con un montón de utensilios última generación ha irrumpido sigilosamente en los despachos… toda mi curiosidad en él. Ha pasado por delante de mí… Ha abierto la ventana y ha empezado a limpiar los cristales con toda esa maquinaria… después de acabar con las ventanas cercanas ha seguido con todos los cristales que ha encontrado en su camino – suelo estar concentrada en el curro, esto es un hecho aislado, lo prometo-.

Un interrogante ha empezado a gestarse en mi somnolienta mente: si tenemos un equipazo de tías que curran para que todo este edificio no sea un caos cuando acaba el día por qué se ha hecho está separación de tareas –no es que quiera cargarlas con más curro. Es sólo que hasta cuando tienen que limpiar ellos se llevan la parte más cómoda.

Ellos mantenimiento. Ellas a seguir barriendo y fregando.-

¿Por qué ellas trabajan con métodos arcaicos y este tío tiene equipación futurista?

La oferta de trabajo no cualificado sigue teniendo los roles de género grabados a hierro al rojo vivo. No he descubierto nada nuevo, ya lo sé. Por eso me jode el doble. Porque todo sigue igual.